Flávio Bolsonaro dio el golpe y quedó primero en las elecciones presidenciales de Brasil. Venció incluso a las encuestas, que en ese país suelen ser correctas. El hijo del ex presidente Jair – preso por cumplir una condena por intento de golpe de Estado – está a punto de volcar a su país al esquema mayoritario de gobiernos de derecha en la región sudamericana.
Se vincula el resultado con una crisis global de la izquierda, el desgaste inevitable de los oficialismos y la pérdida de atractivo entre los jóvenes, pero también con problemas concretos de seguridad, endeudamiento, apuestas digitales y bajo crecimiento económico.
Diego Guelar interpreta el resultado electoral de Lula como un desenlace lógico después de tres mandatos presidenciales y varios intentos previos de llegar al poder. Rechaza definirlo simplemente como una derrota, porque haber alcanzado aproximadamente el 45% de los votos en una cuarta elección demuestra que Lula sigue siendo una figura política de enorme importancia, aunque su ciclo esté llegando a un “fin de fiesta”. A partir de este caso, sostiene que ningún dirigente democrático parece capaz de resistir indefinidamente tres presidencias sin sufrir un fuerte desgaste.
Guelar afirma que existe una crisis de las izquierdas en todo el mundo, aunque considera a Lula probablemente el dirigente de izquierda más importante de Occidente. Defiende la diversidad y la alternancia como elementos centrales de la democracia: ser de izquierda debe ser tan legítimo como ser de derecha, y el sistema occidental necesita convivir con distintas tradiciones, entre ellas la doctrina social de la Iglesia y la Escuela Austríaca. La crisis no afecta solamente a una ideología, sino especialmente a los oficialismos, porque los gobiernos prometen resolver educación, salud, justicia y seguridad, pero encuentran que existen muchos menos recursos que necesidades. Esa distancia entre expectativas y resultados explica el desgaste de dirigentes de derecha e izquierda, como Macron en Francia o Trump en Estados Unidos, cuyo apoyo aparece debilitado en las encuestas mencionadas.
Lula aparece presentado como fundador del Partido de los Trabajadores, impulsor del nuevo sindicalismo brasileño y constructor de una alianza política con otros 14 partidos. Sin embargo, se advierte que los antecedentes y los “pergaminos” no garantizan una victoria electoral. En contraste, Flavio Bolsonaro es descrito como un recién llegado a la política nacional, favorecido principalmente por su apellido y por la herencia política de su padre.
La pregunta sobre si la izquierda envejeció se relaciona con la pérdida de apoyo juvenil. Guelar cita una encuesta de la consultora Escenario, realizada por Pablo Touzón y Federico Zapata, según la cual una parte importante de los jóvenes se ubica en el centro o directamente en la derecha, mientras la izquierda aparece más reducida que en otras épocas. El entrevistado explica este cambio como un fenómeno cultural: su propia generación se había fascinado con los líderes barbudos de la Revolución cubana, convertidos en una mitología mundial, mientras que Cuba es observada hoy como un “museo del fracaso”. Los jóvenes desinformados quizá no conozcan esa historia, pero quienes la conocen pueden evaluar sus resultados negativos.
La derecha encontró en Donald Trump un líder con capacidad de ofrecerle un anclaje internacional durante la última década. La izquierda, en cambio, perdió ese punto de referencia tras la desaparición de la Unión Soviética. Guelar recuerda sus cuatro años como embajador en China y sostiene que el Partido Comunista Chino no creó una nueva Internacional maoísta ni una estructura universal comparable a la antigua red soviética, dejando a la izquierda sin una referencia global equivalente.
Fabián Calle atribuye parte del éxito de Bolsonaro a la elección de un candidato que no reproduce el estilo confrontativo de Jair Bolsonaro. Flavio es caracterizado como más tranquilo, prudente y dispuesto a presentarse en canales opositores para responder preguntas, una imagen que le habría permitido ampliar su atractivo electoral. A esto se suma la seguridad, identificada como una preocupación prioritaria en las encuestas brasileñas. Calle sostiene que el PT se transformó desde la izquierda tradicional hacia sectores que tienen dificultades para formular un discurso firme contra el delito y el narcotráfico, al adoptar posiciones que el entrevistado compara con ciertos sectores progresistas de California.
Calle plantea que Estados Unidos, frente al desafío estratégico de China, difícilmente permita que Brasil se convierta en la potencia regional absolutamente dominante. Según su lectura geopolítica, Washington tendería a apoyar a Argentina para mantener equilibrado a Brasil. Además, el interés estadounidense en Sudamérica se concentraría especialmente en el Atlántico Sur, el estrecho de Magallanes, el pasaje de Drake y la Antártida, espacios donde Argentina y Gran Bretaña tendrían una presencia más directa que Brasil. Por eso, la relación entre Washington y Buenos Aires no dependería exclusivamente de quién gobierne Brasil.
Con esa combinación de senadores, diputados, gobernadores y alianzas políticas, Calle concluye que Flavio Bolsonaro contaría con una estructura de poder pocas veces vista en Brasil. Por ello considera irreversible el resultado y lo presenta como el futuro presidente del país, descartando que los votos de quienes no participaron o votaron en blanco puedan alterar sustancialmente el desenlace.